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Babe Ruth, un niño en cuerpo de hombre con cartel de irresponsable y con un físico muy distante del deportista del siglo XXI. Pasó de ser un adolescente malcriado, a ser el mejor del mundo en un deporte: el béisbol. Brillaba en cualquier posición, aunque sus 714 “home runs” a lo largo de su carrera, hicieron de él uno de los mejores bateadores de la historia, en una simbiosis de éxito junto con los New York Yankees. Hay personas que nacen para triunfar. George Herman Ruth fue una de ellas.

Hace más de un siglo, el 6 de febrero de 1895 en el número  216 de Emory Street en Pigtown, un barrio del suroeste de Baltimore, George Herman Ruth nació para triunfar. Un niño problemático, fruto de la desatención paternal y de una taberna, la de su padre, impropia para educar a un crío que ya mascaba tabaco y bebía alcohol por primera vez antes de cumplir los ocho años, se iba a convertir en uno de los jugadores de béisbol más grandes de la historia del deporte norteamericano.

Su mal comportamiento y falta de educación en la infancia, influidos desgraciadamente por la muerte de su madre y más tarde, la de su padre en una pelea de bar, fueron solventados, a pesar de que le calificaron como ‘incorregible’, en el St. Mary’s Industrial School for Boys de Baltimore, un reformatorio católico en el que entró con siete años, en el  verano de 1902, y donde iba a pasar doce años de su vida. Fue entonces, cuando apareció el béisbol, y un referente para él. Gracias a la buena relación entre Ruth y el hermano, Matthias Boutlier, quién vio en él algo positivo y no sólo el carácter rebelde que todo el mundo decía, George mejoró sus cualidades en el deporte gracias a poder practicar sus habilidades junto a él, porque de  saber, nació sabiendo. Ruth jugó en todas las posiciones en St. Mary pese a ser zurdo. En todas lo hacía a la perfección, convirtiéndose además en el mejor lanzador del colegio. Un jovenzuelo de 18 años que ya era incluso mencionado en los periódicos dejó tan impresionado a los monjes, que en 1914, éstos invitaron a Jack Dunn, dueño de los Orioles de Baltimore, a que echara un ojo a este adolescente. No necesitó más de una hora para verle jugar. 

“The Babe”, el apodo más famoso del deporte norteamericano.

“Jack’s newest babe”, le decían sus compañeros de los Orioles. El mote de “el nuevo bebé de Jack Dunn”, en tono cariñoso por ser el más joven de todos, se le quedó para toda la vida, para conocerle como “The Babe Ruth”. Así, con 19 años, Babe Ruth jugó como profesional para el equipo de Jack Dunn, convirtiéndose en el lanzador estrella del equipo cuando arrancó la temporada, porque aunque fue más conocido por su gran bateo, en sus inicios brilló como pitcher.

Los Red Sox de Boston, el impulso para triunfar en los Yankees.

“Babe” Ruth debutó con los Red Sox el 11 de julio de 1914, logrando su primera victoria en la Major League. Sin embargo, en aquel entonces, los “medias rojas” contaban con muchas estrellas en el equipo, por lo que Ruth se tuvo que conformar con jugar en la liga menor Providence Grays en lo que restó de temporada.

Los New York Yankees, la cima para “Babe” Ruth.

Ni los Red Sox ni los Yankees volvieron a ser los mismos. ‘Babe’ Ruth dejó un vacío en Boston tan grande, como los éxitos que iba a dar a los Yankees. Cuando llegó, Ruth era ya una estrella dentro y fuera de los estadios. Se convirtió en el primer gran ídolo del deporte norteamericano gracias a su habilidad con el bate. Una habilidad que nos dejó grabada en una serie de tres capítulos, “Play ball with Babe Ruth”. Tal fue su fama que hasta el cine lo reclamó.

Los Boston Braves, una etapa poco digna.

Su misión era la retirada como jugador, para dirigir a los Yankees. Algo que no se le permitió, y en busca de algún equipo que sí se lo permitiera, aparecieron los Boston Braves, quienes pretendían encontrar en “Babe” un reclamo económico. Un taquillazo que sólo llegaría con George como jugador. Y así fue, porque Emil Fuchs, propietario de los Braves, le puso no sólo sobre el campo, sino como vicepresidente del club, segundo entrenador, y posible copropietario del club, algo que realmente no sería todo lo cierto que parecía. El deterioro físico de Ruth no le permitió jugar a un nivel competitivo.

Sus números fueron pésimos, hasta tal punto de terminar fuera de la alineación, dándose cuenta de que la responsabilidad fuera del campo que le había prometido Fuchs, era un engaño, ya que su influencia nunca se notó. Un cebo con el que atrapó la atención de ‘Babe’ para ganar dinero.

Las leyendas nunca mueren

Sin embargo, los días de gloria de Ruth parecían acabarse de golpe. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, su salud empeoró. En 1946, “Babe” Ruth experimentó un dolor intenso en el ojo izquierdo y en la garganta. Las pruebas diagnosticaron un tumor maligno inoperable en la base del cráneo y el cuello. Un cáncer que lo desgastaría físicamente, pese a que algunos tratamientos experimentales para gente pudiente económicamente, como fue su caso, le ayudaron a mejorar levemente. Con 36 kilos menos en su cuerpo, fue dado de alta del hospital en el que se encontraba. Entre pruebas médicas, viajes y estancias en cama de hospital, ‘Babe’ Ruth luchó por seguir adelante.

Frases de Babe Ruth

“Mi swing es grande, como todo lo que he tenido. Bateo a lo grande o pierdo a lo grande. Me gusta vivir a lo más grande que puedo.”

“El béisbol fue, y siempre será el mejor juego del mundo.”

“Nunca olvides dos cosas que te diré. Una, no creas cualquier cosa que escriban sobre ti. Dos, no firmes demasiados cheques”

“Si no llega a ser por el béisbol estaría en la cárcel o en el cementerio.”

“La forma de jugar del equipo determina lo que ocurrirá. Puedes tener el mejor equipo de individualidades, pero si no juegan juntos el equipo no valdrá ni un centavo.”

Twitter: @Tofizonana11

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